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¿Es necesario que haya stories en todos lados?

Todo comenzó con Snapchat, lo que parecía una red social para millennials con filtros de perrito, distorsionadores de rostros y voces chistosas, y antes de que pudiéramos pensarlo, ya todo estaba siendo invadido de circulitos donde podíamos ver lo que sucedía en el día a día de nuestros amigos y no tan amigos. Pero, ¿de verdad hacía falta esta oleada de actualizaciones?

Snapchat nunca me pareció demasiado atractivo y le sigo adjudicando lo poco que le entendí cuando intenté usarlo a la diferencia de edad entre sus usuarios principales y yo. Y de verdad lo intenté, varios amigos más jóvenes son fans de esa red e intentaron que me sumergiera con ellos en sus aparentes maravillas. Pero no, los filtros de perrito nunca me parecieron chistosos y eso de andar mandando mensajes con voces súper agudas mucho menos. Ni modo.

instagram

Pero Snapchat nos alcanzó: primero fue Instagram y, aunque tuvo una serie de detractores muy fuertes esta adición a la app, pronto todos caímos en sus redes (o bueno, casi todos). Es una manera de subir cosas que no son necesariamente fotos súper bien logradas que quieres colgadas en tu perfil pero que son chistosas, divertidas en el momento o temporalmente significativas. Los filtros son un poco más sobrios que los de Snapchat (lo que mi adultez agradece) y es interesante ver lo que tus contactos comparten.

Lo que sí es un verdadero exceso, a mi parecer, es que ahora también existan en Facebook (que realmente no he visto más que a dos contactos que los usan) y mucho más en Whatsapp (¿de verdad necesitamos ver las historias de tus contactos de trabajo?). Mi apuesta es a que pronto serán removidas de estas apps porque casi nadie las usa. Ya veremos.